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En este contexto, quedó marcada una diferencia en los estilos políticos. Vidal se caracteriza por ser un mandatario reservado y discreto, una conducta que contrasta con los cuestionamientos sobre el manejo de información por parte de su jefe de Gabinete.

Según manifestaron funcionarios en conversaciones reservadas, existiría preocupación por la exposición de reuniones y comunicaciones mantenidas con Luxen. Incluso señalaron que el funcionario habría utilizado el altavoz durante determinadas llamadas en presencia de terceros, una práctica que habría generado desconfianza y temor a que conversaciones privadas terminaran trascendiendo.

Por su parte, Grasso reconoció en una entrevista que prefirió no llevar siquiera su teléfono celular a la reunión, “por las dudas”, según expresó.

En tanto, desde el Ejecutivo provincial hubo un rotundo silencio. No trascendió información sobre lo conversado, no hubo fotografías oficiales ni detalles de posibles acuerdos.

El contraste es evidente: mientras el encuentro entre Vidal y Grasso se mantuvo bajo absoluta reserva, existen cuestionamientos sobre la confidencialidad de las conversaciones en el entorno de Luxen.

LUXEN, FUERA DE LA CONVERSACIÓN CENTRAL

El jefe de Gabinete busca posicionarse como un hombre de diálogo y articulación política. Sin embargo, en esta oportunidad su participación habría quedado limitada a la instancia previa.

La ausencia de Luxen no demuestra por sí sola una pérdida de confianza del gobernador, pero deja una lectura política: cuando llegó el momento de conversar sobre cuestiones sensibles, Vidal eligió hacerlo directamente con Grasso.

En un encuentro donde la discreción resulta fundamental, el manejo de la información también adquiere peso político.

Luxen habría participado de las gestiones, pero no de la reunión. Vidal y Grasso hablaron a solas y lo conversado quedó entre ellos.

Autor: admin