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En este sentido, fue necesario abordar una situación particular vinculada a las creencias culturales de su entorno familiar, perteneciente a la comunidad boliviana. Existía un temor asociado a una creencia espiritual según la cual, cuando un alma se va, puede llevarse otra alma. Por este motivo, los profesionales mantuvieron un diálogo respetuoso con la familia, brindando contención y explicando la importancia de la colaboración del adolescente.

A partir de este acompañamiento, el joven se mostró completamente dispuesto a ayudar a encontrar a sus amigos. Incluso participó junto al personal de Seguridad, pudo manejar un dron y señaló el sector del río Gallegos donde habrían caído los hermanitos.

SU TESTIMONIO FUE CLAVE PARA SECTORIZAR EL LUGAR DE BÚSQUEDA.

Cabe destacar que su participación también constituyó una forma de contención emocional. Se trata de un adolescente de apenas 15 años que había presenciado una situación traumática y que, con acompañamiento profesional, pudo involucrarse en las tareas destinadas a encontrar a sus propios amigos.

Por otra parte, durante esas mismas horas, parte de la prensa cuestionaba el desarrollo del operativo y la cantidad de personas afectadas a la búsqueda. Sin embargo, los equipos especializados ya estaban llevando adelante este trabajo con el testigo y su familia, que permitió avanzar en la identificación de un sector concreto del río.

En consecuencia, la intervención del adolescente aportó información fundamental para concentrar los esfuerzos de los especialistas en una zona de gran complejidad, caracterizada por fuertes corrientes y sectores de considerable profundidad.

Finalmente, este trabajo también permitió visibilizar una tarea que muchas veces permanece fuera de las cámaras: el acompañamiento psicológico, el respeto por las creencias familiares y la coordinación entre Seguridad y Salud en medio de una tragedia que mantiene en vilo a toda la comunidad.

Autor: admin