El acceso al gas natural marcó un antes y un después para una familia de Río Gallegos
María Agüero vive en el barrio Bicentenario II y durante años atravesó los inviernos con dificultades para calefaccionar su vivienda. A partir de su conexión al servicio de gas natural, recuperó espacios del hogar y volvió a convertir su casa en un lugar de encuentro para sus hijos y seres queridos.
En el barrio Bicentenario II de Río Gallegos, la historia de María Agüero refleja cómo el acceso a un servicio esencial puede generar cambios concretos en la vida cotidiana de una familia. Durante años, el frío condicionó las actividades dentro de su vivienda y obligó a sus hijos a concentrarse en los ambientes que podían mantenerse calefaccionados.
María trabaja en una casa de familia y también prepara pan casero y tortas para contribuir a la economía del hogar. Su rutina comienza temprano, incluso durante los meses de invierno, cuando las bajas temperaturas representan un desafío adicional para muchas familias de la ciudad.
Antes de contar con gas natural, la familia utilizaba dos caloventores que trasladaba de un ambiente a otro. La calefacción no alcanzaba para toda la vivienda y, por eso, gran parte de la vida familiar se concentraba en una sola habitación.
“Antes era diferente, les llevaba el té a la cama porque hacía mucho frío y después les decía que se bajaran y se cambiaran”, recuerda María al hablar de las mañanas de invierno en las que preparaba a sus hijos para ir a la escuela.
Una vivienda condicionada por el frío
La falta de una calefacción adecuada no solo afectaba la temperatura de la vivienda, sino también las actividades cotidianas. Merendar, hacer la tarea o mirar televisión eran momentos que se desarrollaban principalmente en una misma habitación.
“Allí merendábamos”, cuenta María al recordar aquella época.
Con la llegada del gas natural, esa dinámica comenzó a cambiar. Los integrantes de la familia pudieron volver a utilizar los distintos ambientes de la vivienda y desarrollar sus actividades cotidianas sin estar condicionados por las bajas temperaturas.
“Ahora se pueden sentar a ver tele, están muy felices, conversan, hacen su tarea todo ahí abajo. Ahora arriba es para ir a dormir”, explica.
Para María, la diferencia representa un cambio profundo en las condiciones de vida de su familia. “Es un cambio rotundo. Nosotros sufrimos muchísimo. Ahora ya están grandes, pero cuando eran más chiquitos era más difícil”, sostiene.
Un sueño que parecía imposible
María vive en el barrio Bicentenario II desde hace once años. Si bien el sector cuenta con el servicio de gas desde 2017, durante mucho tiempo la posibilidad de realizar la conexión domiciliaria estuvo fuera de su alcance económico.
“Hijа, nunca voy a tener gas porque mi bolsillo no da”, recuerda que decía cuando pensaba en la posibilidad de contar con el servicio.
La situación comenzó a cambiar a partir del convenio entre el Ministerio de Desarrollo Social y Distrigas S.A., destinado a acompañar a familias en situación de vulnerabilidad económica para facilitar el acceso al gas natural.
En el caso de María, el proceso se concretó en poco tiempo. “En menos de un mes ya tuve el gas”, cuenta, todavía emocionada por lo que significó para su familia.
Una sorpresa para toda la familia
Los trabajos de conexión se realizaron durante una mañana. Para María, cada etapa representaba la posibilidad de dejar atrás años de dificultades para calefaccionar su hogar.
Sin embargo, uno de los momentos más significativos llegó cuando sus hijos regresaron de la escuela y descubrieron que la casa finalmente contaba con gas natural.
“Se pusieron a llorar, no lo podían creer. Lloramos juntos de la alegría”, recuerda.
Con el paso del tiempo, sus hijas mayores crecieron y algunas comenzaron a vivir de manera independiente. Aun así, María considera que el acceso al servicio fue un logro para toda la familia.
Una casa que volvió a ser punto de encuentro
El cambio no se limitó a la calefacción. La llegada del gas permitió recuperar espacios de la vivienda y modificar una dinámica familiar que durante años había estado determinada por el frío.
La casa volvió a ser un lugar donde reunirse, compartir una comida, hacer la tarea, mirar televisión y pasar tiempo juntos.
Actualmente, sus hijos y seres queridos regresan con mayor frecuencia. “Desde que tengo el gas no se quieren ir”, cuenta María entre risas, una frase que resume el impacto que tuvo el servicio en la vida familiar.
De esta manera, una conexión que podría parecer una mejora puntual terminó modificando las rutinas y los espacios compartidos dentro del hogar.
Una historia que se repite en otros hogares
La experiencia de María forma parte de “Historias que dan calor”, el ciclo de Distrigas S.A. que busca visibilizar las historias de familias santacruceñas y los cambios que experimentan a partir del acceso al gas natural.
Cada testimonio muestra cómo un servicio esencial puede repercutir en diferentes aspectos de la vida cotidiana, especialmente en una provincia donde las bajas temperaturas forman parte de la realidad durante buena parte del año.
En el caso de María, el acceso al gas significó dejar atrás los ambientes fríos y las rutinas condicionadas por la falta de calefacción para recuperar una vivienda que hoy vuelve a funcionar como espacio de encuentro.
Así, una conexión de gas natural marcó un antes y un después para su familia y convirtió nuevamente a su casa en el lugar donde sus hijos y seres queridos quieren quedarse.
Patagonia al Mundo
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